viernes, 4 de julio de 2008

Historia del vino

Orígenes del vino hasta nuestros días

Según cuentan historiadores, el vino nació en las montañas Zagros del oeste de Irán, en las montañas Taurus de Turquía o en el Cáucaso, pero fue un descubrimiento tan increíble que se extendió con gran rapidez, siendo su nombre parecido en la mayor parte de las lenguas: wajnu en protosemítico y woi-no en indoeuropeo.

Asimismo, a lo largo de la historia se ha destacado la distinción entre el vino (placer de la élite en la antigüedad) y la cerveza (consumida por las masas), ya que ésta es un invento científico, mientras que el vino puede producirse de manera natural. Combinando superstición poética y espíritu práctico, en la antigüedad se atribuyó al vino cualidades misteriosas y, al mismo tiempo, se le dio una serie de usos muy pedestres. La resurrección anual de la vid, las facultades de autotransformación de la uva y el éxtasis mágico del vino se asociaban con mitos y deidades, desde Baco a Cristo. No obstante, el Islam tomó en dirección contraria y lo desacralizó, ya que Mahoma consideraba que el vino nublaba y condenaba las almas, y corno la perdición era más temible que la muerte, el vino fue prohibido.

Los griegos y los romanos democratizaron el consumo de vino. Los filósofos debatían grandes ideas en los simposios (syn, "con", + posis, "bebida"), pero todos lo tomaban, hasta los esclavos. Así, no pasó mucho tiempo hasta convertirse en un buen negocio, incluso los egipcios colocaban en las jarras sellos de arcilla que contenían información sobre el contenido y sus orígenes. Para el siglo III a.C, el vino ya constituía un mercado floreciente en Grecia, y había unos doscientos bares en Pompeya antes de que tuviera lugar la madre de todas las resacas en el año 79 d.C.

Lo cierto es que, más allá de la cultura y religión que se haya profesado, desde un primer momento, se consideró al vino algo místico y peligroso, mientras se le atribuían propiedades nutritivas y medicinales. En el curso de su historia, casi siempre se consumió el vino como acompañamiento de las comidas, por lo que también se lo consideró alimenticio, fortalecedor y fuente de energía.

Historia de la vitivinicultura en Argentina

De acuerdo a la historia, cuando el español salió en busca de las Indias, llevaba el vino como compañero, y el sacerdote que también formó parte de la cruzada, lo lleva para reproducir diariamente el milagro divino. Indudablemente, el vino llegó a América de mano de los conquistadores, quienes plantaron vides para poder continuar con sus costumbres.

En nuestro país, la historia de la vitivinicultura se remonta a esa época al estar el cultivo de la vid estrechamente unido con las prácticas agrícolas del colono español. A mediados del siglo XVI, los conquistadores llevaron a Cuzco las primeras plantas de vid, de la especie Vitis vinífera. En 1551, fue conducida a Chile y, seis años después, introducida a Argentina por vecinos de Santiago del Estero, desde donde se propagó el cultivo hacia el centro, oeste y noroeste del país.

Si bien no hay datos exactos sobre la fecha de implantación de los primeros viñedos en Mendoza y San Juan, algunos historiadores creen que primero se realizaron en esta última, entre los años 1569 y 1589, por lo que puede decirse que Vitis vinífera llegó a la República Argentina a mediados del siglo XVI.

Con ello, los colonizadores no sabían que, además de crear ciudades, se estaba poniendo la semilla de una actividad que estaría ligada para siempre con la vida espiritual y económica de sus poblaciones, la de la vid y el vino.

Favorecida por óptimas condiciones climáticas y de suelo, la vitivinicultura se fue extendiendo, principalmente, en las provincias andinas. Al comienzo se producían vinos en volumen reducido, limitado a satisfacer las necesidades de las pequeñas comunidades de la colonia. La elaboración era rudimentaria, doméstica, y un procedimiento generalizado entre los viñateros, quienes llegaron a obtener productos de buena calidad.

A partir de 1853, importantes hechos transformaron la región vinícola más importante del país, principalmente fortalecido y dinamizado con la instalación, en 1884, del ferrocarril que vinculaba a Mendoza y San Juan con Buenos Aires. De allí en más, las provincias cuyanas se convirtieron en proveedoras de productos fruti-hortícolas y, en especial, de vino para abastecer al mercado nacional y, en menor escala, al internacional a través del puerto de Buenos Aires.

Otro hecho importante fue el dictado de leyes de aguas y tierras, pero el más decisivo fue el aporte de una gran corriente inmigratoria europea, a fines del siglo XIX y principios del XX, compuesta por hombres conocedores del quehacer vitivinícola, provocando un cambio esencial en el cultivo de la vid. Estos inmigrantes trajeron consigo nuevas técnicas de cultivo, otras variedades de vid para la elaboración de vinos de calidad, que encontraron en nuestro país un hábitat ideal para su desarrollo, y la innovación de las prácticas enológicas utilizadas en las bodegas, así como también ciertas denominaciones de sus lugares de origen.

Otro de los hechos que más incidió en la historia de nuestra vitivinicultura es la importancia otorgada a la capacitación y perfeccionamiento de los técnicos, prueba de ello es la creación de la Bodega de la Escuela de Enología de la Quinta Agronómica en ciudad de Mendoza a principios de 1900, convirtiendo la actividad en un movimiento basado en la ciencia y el estudio.

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