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martes, 23 de marzo de 2010

Cambio de cerveza por vino.

El grupo Bemberg está a punto de volver al negocio de las bebidas, pero su regreso no se concretará en el rubro de la cerveza ?que, de hecho, es el que más conocen por haber fundado y desarrollado Quilmes?, sino en el de los vinos. El fondo de inversión Biarsa, controlado por una rama de la familia descendiente de Otto Bemberg, está terminando de cerrar la compra del 50 por ciento del grupo Peñaflor.

La operación comprende la adquisición de la mitad del principal grupo vitivinícola de la Argentina, que en total controla siete bodegas. De acuerdo con fuentes del mercado, el monto total de la operación rondaría los US$ 300 millones. La cifra incluiría no sólo el pago a DLJ (actual dueño), sino también un aporte de capital para financiar los planes de inversión del grupo bodeguero.

"El ingreso del nuevo accionista no incluiría cambios en el management", explicaron a La Nacion fuentes del grupo Peñaflor.

El actual dueño del 100% de Peñaflor es el fondo de inversión norteamericano DLJ (Donaldson, Lufkin and Jeanrette), que puso un pie en el mercado vitivinícola argentino a fines de los 90, cuando se alzó con el control del paquete accionario de la firma fundada por la familia Pulenta.

Para su ingreso en el rubro vitivinícola, los ex dueños de Quilmes convocaron a dos ejecutivos con experiencia en el negocio cervecero, como Agustín García Mansilla y Néstor del Campo, que dirigieron exitosamente los negocios de Cervecería y Maltería Quilmes hasta la venta de la empresa al grupo brasileño Ambev.

Hoy, Peñaflor es el principal grupo en el negocio del vino. El holding controla siete empresas: El Esteco, Trapiche, Las Moras, Santa Ana, La Rosa, Andean Viñas y Peñavid (mosto) y sus ventas en 2009 superaron la barrera de los 1000 millones de pesos. En cuanto a la producción, el grupo cuenta con más de 5000 hectáreas en explotación, con una presencia en las principales provincias productoras de vino de la Argentina como Mendoza, San Juan, Salta y Catamarca.

Peñaflor también tiene una fuerte inserción en el mercado internacional, y en la actualidad exporta sus vinos a más de 70 países.
Consumo masivo / Se vende el mayor grupo vitivinícolaLos Bemberg invierten en vinos

El fondo Biarsa, controlado por los ex dueños de Quilmes, está a punto de comprar el 50% de Peñaflor

lanacion.com | Economía | Martes 23 de marzo de 2010

martes, 1 de diciembre de 2009

La logística, clave para superar la crisis mundial.

Cada media hora, el Grupo Peñaflor exporta un contenedor con vino argentino.

El crecimiento que tuvo el negocio internacional de la bodega en los últimos años demanda un grado de agilidad que hoy aporta un aliado fundamental: la aduana domiciliaria.

El mes pasado, mediante una resolución de la Dirección General de Aduanas (DGA), las operaciones de comercio exterior desde la planta de San Juan, fueron incorporadas al régimen de aduana domiciliaria. El sistema permite realizar el control de las operaciones de exportaciones dentro de la bodega, y se suma de este modo a la aduana domiciliaria que la firma tiene habilitada desde 2007 en su fábrica de Mendoza.

"Este esquema permite mejorar los tiempos de respuesta a los procesos logísticos y de servicio al cliente para los mercados internacionales. Actualmente exportamos a 70 países y somos líderes tanto en el mercado interno como en ventas externas de vino embotellado", dijo a LA NACION Marcelo Díaz, gerente Customer Service para Negocios Internacionales de Peñaflor.

La gerencia a cargo de Díaz se encarga de brindar servicios para el cliente de comercio exterior, de consolidar los despachos de las seis bodegas que tiene el grupo. "Cada bodega es independiente en cuanto a su viña, su enólogo, su ingeniero agrónomo, sus productos, su marketing, su comercialización, pero consideramos estratégico el hecho de poder organizar los despachos de exportación desde un único centro del que fluyen los vinos embotellados", explicó.

Díaz admitió que el proceso para contar con una aduana domiciliaria es "bastante álgido" porque la aduana extiende su acción de contralor desde los puntos de salida internacional de la mercadería, como son las zonas aduaneras primarias, lo que exige, además de un mínimo de operaciones y facturación anual -es decir ser considerado gran operador-, confiabilidad y exigibilidad fiscal impoluta y comprobada.

Luego contó que cuando en 2004 el Grupo empezó a notar que sus exportaciones tenían un crecimiento sostenido, los inversores decidieron acompañar ese aumento no sólo desde el punto de vista de la producción, con la incorporación de más viñedos, por caso, sino en el aspecto logístico, y allí surgió el recurso de la aduana domiciliaria.

"Quienes estamos en esta actividad sabemos lo complejo que es poder desarrollar y mantener mercados globales, donde resulta tan estratégica la calidad de los productos y la destreza comercial, como el servicio al cliente. Y este servicio al cliente es entendido en entregas en tiempo y forma. Esta crisis macromundial nos llevó a entender que nuestros clientes también buscaban minimizar sus costos en concepto de stock de mercadería ociosa, y los limitaron a tal punto que nos obligó a tener un nivel de despacho más ágil y dinámico para poder abastecerlo. Es parte del famoso just in time del que se habla, que fue muy necesario y los está siendo en este momento", señaló Díaz.
Aduana domiciliariaUna vía para agilizar las exportaciones

El Grupo Peñaflor empezó a realizar operatorias de despacho internacional desde una de sus bodegas en San Juan; los efectos de la crisis en el sector

lanacion.com | Comercio exterior | Martes 1 de diciembre de 2009

miércoles, 7 de octubre de 2009

La banca no está preparada para este sector, que tiene una inmovilización del capital altísima y un retorno de la inversión a partir del segundo año.

El vino argentino es un caso digno de estudio. Tiene virtudes propias para transmitirles estrategias innovadoras a otras industrias, y techos para su crecimiento comunes a otros sectores de la economía real.

Por empezar, es un cluster: amén de que naturalmente las ventajas comparativas se expresan muy bien en la geografía de los valles y pedemontes mendocinos, trasciende la concentración empresaria y la integración vertical.

Las bodegas y los proveedores de insumos (desde mangueras y bombas para el riego por goteo hasta las mallas antigranizo) y de servicios (ingenieros agrónomos, enólogos y licenciados en turismo) confluyen en los viñedos, y esta realidad obligó a un necesario pensamiento estratégico conjunto que se expresa en el trabajo de organismos privados, públicos y mixtos donde la información sobre los costos de producción y comercialización se exige, se debate y se comparte.

Los presupuestos que manejan instituciones como Wines of Argentina son menos siderales que efectivos y, en última instancia, se traducen en planes de acción de revisión y reformulación periódica, como sucedió semanas atrás, en un workshop que duró todo un día en el Hotel Diplomatic, donde la consultora Area del Vino hizo una presentación de la situación del mercado, proyecciones y tendencias donde lo único que quedó al azar fue cómo será el clima en la próxima vendimia.

Pero además de este trabajo en red, el vino argentino ostenta el ansiado mérito de llegar al exterior con marca propia. En medio de una persistente tradición argentina de primarización exportadora, el vino es un producto con valor agregado, que exporta descriptores propios de la cultura argentina e historias en cada etiqueta que puede percibir directamente el consumidor extranjero.

Así, la industria gana posiciones en todo el mundo con más de 2000 marcas a esta altura, en manos de unas 400 bodegas que elaboran un portfolio de productos (tranquilos -blancos, tintos y rosados- y espumantes) procedentes de distintas zonas; con varietales globales, otros que encontraron aquí su mejor expresión (como el Malbec) y otros autóctonos (como el Torrontés).

La industria puede ser analizada de principio a fin en una cátedra de marketing. Exporta, es cierto, poco menos de 500 millones de dólares. Pero es una de las pocas que resume el abstracto y difícil de comunicar concepto de "argentinidad" en un producto físico.

El caso de estudio se completa no sólo con la virtud de haber sido, por ejemplo, la industria que más creció en posicionamiento en el exterior -entre competidores con más años en el mercado como Chile o Australia y en plazas recesivas como Estados Unidos- sino que además arrastra el ancla de ser híper intensiva en capital de trabajo en un entorno de escaso financiamiento.

El vino argentino capea la crisis porque las bodegas se adaptaron a las demandas de los distribuidores, que exigen diversificación del portfolio. Por eso, cuando la crisis deprimió el consumo, cambió la banda de precios de los vinos elegidos, y había oferta allí también.

"La situación mundial actual es agresiva para el mundo del vino", sintetizó Javier Merino, gerente de Area del Vino, que tuvo a su cargo la presentación de la radiografía del cluster . "Cambiaron los patrones de consumo, y las modificaciones cambiarias y de tasas de interés afectaron las decisiones de inversión de los importadores", destacó.

Merino ajustó las tendencias macro a los niveles de ingreso y gasto de los habitantes y a las inversiones de los importadores.

Perfil

"La Argentina es el noveno consumidor mundial de vinos. Es el séptimo exportador por volumen y el décimo en valor. Si bien tiene precios relativos menores (un 38% debajo del promedio), los precios vienen aumentando a un ritmo del 9% anual", agregó.

Las exportaciones argentinas de vino crecieron entre 2002 y 2008 a tasas superiores al 30%. Por primera vez, fueron las más altas del mundo, traccionadas por Estados Unidos y Canadá. Pero lo impresionante es que lograron mantener el crecimiento en el primer semestre de 2009, sobre todo en precio promedio: las botellas entre 13 y 20 dólares crecieron un 28%; la franja de los 20 a los 27 dólares incrementó sus ventas en un 29,5%, y las etiquetas comercializadas entre 27 y 40 dólares lograron un aumento del 20% de las exportaciones.

Socios del Norte

Estados Unidos, el mercado por antonomasia que impulsa las ventas argentinas, por ejemplo, venía aumentando sus compras a un ritmo de casi 10% anual entre 2002 y 2008. Entrada la crisis, en el primer semestre de este año, las importaciones se deprimieron un 15,7%. En este destino, la Argentina tenía una performance del 32,9% de crecimiento. No sólo sigue creciendo, sino que lo hace al 34%. "Los vinos argentinos están provocando un fuerte desplazamiento de sus competidores", ilustró Merino.

Canadá es la gran sorpresa. Con menos volumen que Estados Unidos tanto de consumo como de compras, pasó de un crecimiento de mercado del 17% anual a un decrecimiento del 15% en el primer semestre. La Argentina, contra toda tendencia, aumentó un 53% sus embarques.

La deuda está en el Reino Unido, aunque es un mercado que presiona a la baja los precios, y la competencia es feroz. De un crecimiento promedio del 9% cayó a un 30%. Allí, los envíos locales aumentaron un 1,9% (en medio de una caída generalizada de los competidores). Y en Brasil, país donde la Argentina es dueña de un 22% del mercado, el aprovisionamiento se mantuvo constante.

"La demanda giró hacia los vinos argentinos. Aún cuando disminuyó su consumo, privilegió nuestros los vinos, gracias a una muy lograda relación entre precio y calidad", explicó.

"El consumidor norteamericano -apuntó José Asencio, de Familia Zuccardi- está descubriendo mejores calidades a precios más convenientes, como el Malbec. No es un mercado de precios bajos, y el que más crece está entre los 10 y 15 dólares. Lo que antes consumía por encima de los US$ 20 lo encuentra ahora en mejor calidad y a menores precios", manifestó.

La industria fantasea con la promoción directa al consumidor, habida cuenta de la madurez que exhibe el mercado norteamericano. Sin embargo, Andrés Belinsky, de Terrazas de los Andes, cree que todavía queda un largo camino por recorrer con los canales, intermediarios ante el consumidor. "Tenemos que ayudarlos a vender nuestro producto, porque el canal sigue incidiendo fuerte en las decisiones de compra del consumidor", dijo.

Mucho más cauto, Matías Fraga, de Escorihuela, se preocupó por el volumen disponible que tiene la Argentina para Estados Unidos (donde hoy participa con el 4%). "¿Cómo aumentamos nuestra producción sin bajar la calidad?", dijo. Esta es, por lejos, una de las mayores incógnitas de la industria.

El flujo de fondos

Es que más allá de reflexionar sobre la efectividad de las ferias, misiones inversas, invitaciones a periodistas extranjeros especializados, estimular la promoción del Torrontés sin abandonar la consolidación del Malbec, y de si el polo, el tango o la cordillera de los Andes son descriptores viables para el doble logro de diferenciación y posicionamiento del vino argentino, la lupa se posó en la rentabilidad del negocio y en la solidez de su flujo de fondos.

"Casi el 70% de las bodegas está con una TIR [tasa interna de retorno] inferior al 10% anual. No se qué ven los que dicen que el sector es atractivo para invertir", ironizó Merino.

El sinceramiento llegó de la mano de un dato: por cada 100 dólares vendidos son necesarios 70 dólares inmovilizados para capital de trabajo.

Y, de nuevo, la paradigmática paradoja argentina: el negocio va bien y se embarca un contenedor; después la demanda pide tres contenedores más; el autofinanciamiento queda chico, el banco dice que la prefinanciación está agotada y los proveedores están con la lengua afuera y no pueden estirar más la cadena de cobro? El aumento de las exportaciones es difícil de financiar.

"La industria exportadora requiere de unos 350 millones de dólares en capital de trabajo", indicó.

Encima, el financiamiento no sólo es escaso, sino que es caro. En 2008 se necesitaba el 24,6% del ebitda (ganancias antes de intereses, impuestos y amortizaciones) para financiar el capital, y la crisis recién se asomaba. No se sabe cuánto quedará de margen este año.

"Al mundo le va mal, a los competidores peor. A nosotros nos va bárbaro, pero tenemos que convivir con la mochila argentina", resumió Merino.

Lo que regó la planta de la industria del vino fue, sobre todo, las inversiones extranjeras, que se cortaron cuando veían que los fondos se depositaban en un país cuyo riesgo supera permanentemente los 600 puntos.
Sector exportadorEl vino es un caso de estudio

La industria trabaja como

lanacion.com | Comercio exterior | Martes 6 de octubre de 2009

viernes, 21 de agosto de 2009

En los últimos años la Argentina fue generando una reputación en el exterior, que hoy permite que vinos locales puedan competir en la gama más alta."

Estados Unidos y Canadá se convirtieron en la nueva tabla de salvación para la industria del vino argentino. A principios de año, la crisis internacional amenazaba con romper la racha de más de una década de crecimiento en las exportaciones de vino embotellado argentino. Sin embargo, el repunte en la demanda en mercados como el norteamericano y el canadiense explica que en los primeros siete meses del año las ventas al exterior del sector hayan registrado una suba de 13,7% en volumen y de 12,3% en dólares.

Según informó ayer la consultora especializada Caucasia Wine Thinking, entre enero y julio de 2009 las exportaciones de vino embotellado superaron la barrera de los 100.000 millones de litros por un valor de US$ 307,3 millones. Este fuerte crecimiento sirvió para compensar la caída de más de 36% que registraron las ventas de mostos.

A la hora de entender la buena performance de la industria todas las miradas están puestas en los Estados Unidos y Canadá, que no sólo se consolidaron como los dos principales destinos del vino argentino -juntos explican casi la mitad de las exportaciones del rubro-, sino que también crecieron en lo que va del año, con tasas superiores al 40 por ciento. "La crisis internacional se transformó en una gran oportunidad para el vino argentino, especialmente en los mercados de América del Norte, donde se registraron importantes bajas en el valor promedio de los vinos. Se está produciendo un corrimiento de consumidores desde el segmento de 30/40 dólares al de 10/20 dólares, franja donde el vino argentino es altamente competitivo frente a productores de otros países", explicó José Zuccardi, socio de la bodega Zuccardi, que registró un alza del 115% en sus exportaciones en la primera mitad del año, hasta alcanzar los US$ 17,2 millones.

En Bodegas Norton -otra de las firmas que integran el pelotón de las cinco líderes en materia de exportación- también destacan que el público norteamericano está conociendo cada vez más el vino malbec, que ya representa el 40 por ciento de las exportaciones totales argentinas. "Hay un trabajo que viene desde hace varios años para posicionar el vino argentino, traccionado especialmente por el malbec", explicó Alejandro Panighini, gerente de Exportaciones de Norton.
Comercio exterior / Las ventas ya suman US$ 307,3 millonesSe recupera el vino argentino de la mano de EE.UU. y Canadá

Las exportaciones a ambos mercados crecen a tasas superiores al 40 por ciento anual

lanacion.com | Economía | Viernes 21 de agosto de 2009

viernes, 24 de octubre de 2008

Los chilenos saben como comercializar el vino argentino.

Casi la quinta parte del vino embotellado exportado por la Argentina hacia este país procede de bodegas pertenecientes a 12 empresas chilenas que operan allí, de acuerdo con un estudio estadístico llevado a cabo por la consultora vitivinícola chilena Andes Wines, apoyado en datos entregados por su par mendocina Caucasia Wine Thinking.

Según Andes Wines, el 18% de los casi 381 millones de dólares exportados por la Argentina en el período que va de enero a agosto de este año procede principalmente de las bodegas Trivento (hoy en manos de Concha y Toro), Kaikén (perteneciente a Viña Montes), Bodega Renacer (Patricio Reich), Doña Paula (Santa Rita), Finca del Origen (Santa Carolina), Bodega Universo Austral (VC Family Estates), Finca La Celia y Tamari (de propiedad de San Pedro y Tarapacá, recientemente fusionadas).

"No es una gran sorpresa, pero la Argentina nunca se dio cuenta de lo que estaba pasando en sus propias narices", dijo a LA NACION el gerente general de Andes Wines, Maximiliano Morales.

"Chile abrió su portafolio. Nadie esperaba que, de la nada, Chile comenzara a dominar a la Argentina en esta área. Pero la fuerza de la imagen del vino argentino, sumada a la experiencia comercial chilena, es un plus muy importante", agregó Morales.

Las proyecciones son prometedoras. "Chile seguirá comprando bodegas. Hay varias a la venta y las viñas sólo están esperando el momento adecuado. También hay un tema de confidencialidad", dijo el gerente de Andes Wines, quien hace una positiva proyección para los próximos años. "De acuerdo con las estimaciones y datos que manejamos, la participación de los capitales chilenos en las exportaciones argentinas pasará al 25% en cinco años, y de mantenerse esta tendencia, muy probablemente alcance el 30% en los próximos quince años", dijo Morales, quien destacó el interés chileno por las variedades Malbec y Torrontés, típicas de la Argentina.

En esta escalada de las bodegas chilenas por afincarse al otro lado de los Andes, destacan en el último tiempo las viñas Aresti, Veramonte y la reciente culminación de compra por parte de VC Family Estates (grupo Corpora) de 300 hectáreas de viñedos en Neuquén y Río Negro, además de una bodega de 2,5 millones de litros, con una inversión total de US$ 15 millones. A ello se suman nuevos emprendimientos privados en Vistalba, en Mendoza.

El informe de Andes Wines precisa que uno de los principales factores que motivaron la inversión chilena en la Argentina radica en el alto interés de los distribuidores europeos, norteamericanos y asiáticos en ampliar su red de negocios de larga data con los empresarios vitivinícolas chilenos, mundialmente respetados por su seriedad y profesionalismo. "Los inversionistas y viñateros chilenos planearon esta estrategia desde el primer momento en que empezaron a comprar bodegas en la Argentina", aclaró Morales.

Saltar la Cordillera
Fuentes de la Corporación Chilena del Vino (CCV) confirmaron el exponencial interés de las viñas trasandinas en ampliar su participación en el mercado argentino, al destacar como los destinos más apetecidos la cercana Mendoza y el ahora tan en boga valle de Neuquén.

Basado en las estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), las exportaciones de los primeros ocho meses del año aumentaron 28,2% en relación con el mismo período del año pasado. De continuar la tendencia, la Argentina superaría los 570 millones de dólares en ventas, en comparación con los 482 millones de dólares de 2007.

Crecen las exportaciones de bodegas chilenas en el país

Alcanzan el 18% del total de los envíos de la Argentina; en 2013 llegarían al 25%

lanacion.com | Economía | Viernes 24 de octubre de 2008

viernes, 26 de septiembre de 2008

La historia de un grupo de amigos que hicieron de su pasión un negocio de exportación

¿Qué pueden tener en común un abogado, un contador, un piloto naval, un instructor de esquí, un piloto de rally y un enólogo italiano? Te lo contamos

Ayer por la noche estuvo en Rosario Manuel A. Ferrer Minetti, Vicepresidente de la Bodega Achaval-Ferrer. El motivo de su visita fue llevar adelante una cata organizada por Barcelona Vinos en el Restaurante Te Amaré Vicenta.

ON24 dialogó con Manuel Ferrer Minetti sobre los orígenes de la Bodega, los productos que exportan y cómo se proyectan de cara al futuro.

“Somos 6 socios-amigos. Un abogado, un contador, un piloto naval, un instructor de esquí, un piloto de rally y un enólogo italiano. La mayoría lo único que sabíamos de vinos era tomarlo”, bromea el empresario cordobés recordando los inicios de Achaval-Ferrer.

De esta manera, seis emprendedores que lo único que tenían en común era un fuerte lazo de amistad y la pasión por el vino, comenzaron allá por el año 1995 a interiorizarse en el tema. “Le dedicamos tres años al período de investigación y recién en el año 1998 comenzamos a trabajar y producir. Queríamos dedicarnos a un negocio de gran diferenciación y que nos permita exportar. Hoy, después de un largo tiempo, estamos cumpliendo el gran sueño sobre la base de dos principios: la búsqueda de calidad en todos nuestros productos y el respeto por el terroir”, afirmó Manuel A. Ferrer Minetti.

“En Argentina existía un paradigma relacionado a que la antigüedad de una bodega ya garantizaba su calidad. Eso realmente no tiene nada que ver porque al vino hay que agregarle mucho valor constantemente”, agregó Ferrer.

Mal comienzo

El empresario recuerda los comienzos con mucho humor: “Nuestra primera cosecha fue en el año 2001, en plena crisis. Imaginate que no le vendíamos un vino a nadie. Presionados por la urgencia, hicimos las valijas y comenzamos a viajar por todo el mundo ofreciendo nuestro producto. Hoy tenemos clientes en muchos países”.

La Bodega exporta el 85% de su producción a destinos entre los cuales están EE UU, Canadá, Brasil, México, Inglaterra, Suiza, Rusia, Noruega, Islandia, Singapur, Japón, Vietnam, Chipre, Colombia y Perú.

Costos que asombran

Cada barrica de la Bodega tiene un costo de 715 euros más impuestos.

Cada corcho que se destapa de un Achaval-Ferrer sale aproximadamente 56 centavos de euro.

El Equipo

Argentinos: Santiago Achával, Manuel Ferrer Minetti, Marcelo Victoria y Diego Rosso

Italianos: Roberto Cipresso y Tiziano Siviero

Vinos de la Bodega

Terroir

Finca Altamira
Finca Bella Vista
Finca Mirador

Vino de Corte

Quimera

Varietal

Malbec Mendoza

“Nuestro vinos van desde los $85 que sale el Malbec Mendoza, hasta los $400 que es el valor de nuestros tres terrois, pasando por el Quimera que se vende a $165. Es un vino relativamente caro que no lo vas a encontrar en los supermercados”, Concluyó el Vicepresidente.

Fuente ON24

lunes, 22 de septiembre de 2008

Los varietales argentinos ya están en el escalón de valores medios y altos, con Sudáfrica, Chile y California.

Tras casi una década de sostenido crecimiento de las exportaciones, el auge de las ventas externas del vino argentino ya no es una novedad. Este año, según una estimación de la Fundación Exportar, los embarques vitivinícolas superarán los 550 millones de dólares, un 15 por ciento más que en 2007.

Tampoco es nuevo que el 89% de las exportaciones correspondan a vino fraccionado, y no a granel como en el pasado. La diferencia no es menor: el litro de vino fraccionado vale en promedio 600% más que el del producto a granel (US$ 2,29 contra US$ 0,32). Pero lo que sí es nuevo en la industria vitivinícola argentina son los mayores precios que se están pagando en el exterior por los varietales locales, que compiten en el segmento de vinos del "nuevo mundo" con productos de Chile, Sudáfrica y California.

Así, luego de hacerse un espacio en esa góndola hipercompetitiva, los vinos argentinos empiezan a pelear también en los rangos de precios medios y altos. Al menos, en los supermercados.

Según Exportar, los vinos criollos más caros en las góndolas de Inglaterra, Alemania o Francia son Terrazas Cheval Des Andes 2002 (45 libras esterlinas, equivalentes a $ 274), Luigi Bosca Bohème (45 libras esterlinas, unos $ 176), Terrazas Afincado Malbec (29,95 euros o $ 143) y J&F Lurton Piedra Negra 2001 (19,25 euros o $ 121).

España paga más
En promedio, el país que más caro paga el vino argentino es España, con 4,45 dólares por litro (precio de importación). Nada mal para un país que hasta hace poco tenía una presencia marginal en esos mercados, inundados de las mejores variedades en todos los segmentos de calidad y precio.

En volumen, en el período 2002-2007 las exportaciones crecieron 190%; y en precio, en el mismo período, lo hicieron 286 por ciento. En cuanto al precio promedio por litro, el incremento desde 2003 llega al 40 por ciento. En gran medida, estos mejores precios se deben a las estrategias de agregado de valor, diferenciación en el packaging y acciones instrumentadas por los entes de promoción, de manera colectiva, y, además, por cuenta de bodegas en particular.

También hay más bodegas exportando. "En los dos últimos años, 362 empresas vitivinícolas argentinas han sido internacionalizadas: fueron a 14 ferias internacionales, se reunieron con más de 32 compradores extranjeros en rondas de negocios y se insertaron en cuatro tiendas de compras en Alemania, Inglaterra y Brasil", afirmó el director ejecutivo de la Fundación Exportar, Marcelo Elizondo.

En 2007, el principal comprador de vinos argentinos fue Estados Unidos, con US$ 115 millones, seguido por el Reino Unido, Canadá y Brasil, con cifras cercanas a los US$ 40 millones cada uno.
Industria en expansiónMejores precios para el vino en el exterior

Los varietales argentinos ya están en el escalón de valores medios y altos, con Sudáfrica, Chile y California

lanacion.com | Economía | Lunes 22 de setiembre de 2008

miércoles, 6 de agosto de 2008

"Es que aun el vino argentino de bajo precio es excelente."

Un nuevo tema de discusión apareció en las negociaciones comerciales entre la Argentina y Brasil. Pero esta vez los que piden protección son los brasileños.

Los productores vitivinícolas de ese país reclaman una suba del precio mínimo con el que sus pares argentinos exportan vino al mercado brasileño. Aducen que el vino argentino está desplazando el brasileño en los comercios del socio mayor del Mercosur.

El tema fue uno de los varios que abordaron ayer en la reunión de seguimiento del comercio bilateral el secretario de Industria, Fernando Fraguío, y su par de Desarrollo brasileño, Ivan Ramalho. También hablaron de la intención brasileña de seguir comprando trigo argentino, la agilización de trámites aduaneros para el comercio automotor y el monitoreo conjunto de las importaciones de China, que desplazó este año a Brasil como principal proveedor externo de electrodomésticos de la Argentina.

En la cuestión de los vinos, Ramalho dijo que se resolvió "estimular a los sectores privados [de ambos países] para que se reúnan y busquen una solución de consenso para esta preocupación brasileña". Los bodegueros intentarán acercar posiciones antes de fin de mes.

En 2005, los productores vitivinícolas argentinos y brasileños acordaron que los primeros no exportarían vino por un valor inferior a los US$ 8 la caja (nueve litros). La reducción se haría a cambio de un trabajo conjunto para promocionar el consumo de vino en todo Brasil. Pero la revaluación del real, entre otros factores, hizo que ese precio mínimo sea insuficiente para los brasileños.

Ramalho dijo que los bodegueros de Brasil desean que la Argentina continúe exportando los vinos más caros, pero consideran que la venta de botellas de menor valor "es una competencia nociva".

"La Argentina no tiene necesidad de vender a Brasil los vinos de valor más bajo", dijo al término de la reunión de más de dos horas con Fraguío.

El funcionario argentino reconoció el problema, pero ironizó sobre las causas: "Es que aun el vino argentino de bajo precio es excelente. Entonces ni con 8 dólares ni con 10 alcanza".

"Es cierto, los brasileños ya nos pidieron que aumentáramos el piso -contó a LA NACION Juan Carlos Pina, gerente de la cámara empresarial Bodegas de Argentina-. Nosotros le dijimos que no somos los dueños de su mercado. Desde que hicimos el sacrificio hace tres años de poner el piso, Brasil no lo aprovechó, no mejoró su producción y lo aprovechó Chile, que creció más que ellos y hoy vende más que nosotros."

En 2007, la Argentina vendió 15,6 millones de litros de vino en Brasil. Esa cifra representa el 5% del total del mercado brasileño y el 27% del total de importados. Antes del piso de US$ 8, la Argentina llegó a ocupar el primer puesto entre los proveedores de vino importado, pero en la actualidad es superada por Chile.

El valor promedio de la caja que vende la Argentina es algo superior a los US$ 20, pero el grueso del volumen exportado está compuesto por botellas cuyo valor está muy cerca del piso.

Los productores argentinos pretenden que la discusión se aborde estrictamente entre privados porque temen que los gobiernos utilicen el tema como "moneda de cambio" en medio de negociaciones por otros sectores, donde Brasil es más competitivo. De hecho, sospechan que algo así ocurrió en 2005, cuando el reclamo brasileño por el vino llegó luego de los pedidos argentinos para acordar protecciones en electrodomésticos, calzados y textiles.
Diferencias en el MercosurBrasil quiere más trabas contra los vinos argentinos

Denuncia "competencia nociva"

lanacion.com | Economía | Mi?oles 6 de agosto de 2008

martes, 1 de julio de 2008

En los últimos cinco años la Argentina quintuplicó sus exportaciones a los Estados Unidos, mercado que se convertirá en el primer consumidor mundial.

Estados Unidos se convertirá en 2010 en el principal demandante de vinos del mundo, según indican los estudios internacionales. Por esa razón, y para reforzar la presencia argentina en un mercado que muestra un gran dinamismo, 24 bodegas mendocinas se entrevistaron en abril con nueve importadores vitivinícolas norteamericanos.

El encuentro fue organizado por ProMendoza y el Ministerio de Producción, Tecnología e Innovación de la provincia.

Estados Unidos es hoy el principal destino de las ventas externas de vino de la provincia cuyana, con el 26,3 por ciento del monto total de lo exportado. Le siguen, en orden de importancia, Canadá (9,63%), Brasil (9%) y el Reino Unido (7,96%).

En cinco años, la Argentina quintuplicó sus exportaciones de vino a los Estados Unidos. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura, las exportaciones a ese mercado totalizaban 138.394 hectolitros en 2002 y, en 2007, alcanzaron 684.313 hectolitros.

"Estados Unidos siempre ha sido nuestro principal mercado de exportación en lo que a la venta de vinos fraccionados [embotellados] se refiere. Esto se debe a la incursión en ese país de las grandes bodegas argentinas, pioneras en la exportación a mediados de los 90", dijo Nicolás Perinetti, responsable del sector vinos de ProMendoza.

Pero, según el especialista, el gran crecimiento se produjo con el cambio en la paridad peso-dólar. "El gran auge de los vinos argentinos se da luego de la devaluación de finales de 2001, ya que desde entonces incursionaron en la exportación las bodegas más chicas", comentó.

Ese es el caso de la bodega Andesgrapes. "Somos una bodega pequeña y fundamentalmente familiar. Ciertos importadores se sienten atraídos por nuestros vinos, ya que buscan productos que vayan acompañados de una historia de vida", explicó Geraldina Karsovnik, representante de Andresgrapes. Y agregó: "Acciones como ésta nos permiten mostrar nuestros productos y nos ayudan a competir con las grandes bodegas que pueden acceder más fácilmente a los mercados".

En el caso de las ventas externas de mostos, en 2007 se enviaron 717.657.950 litros, o US$ 81.717.940. Para este producto, Estados Unidos es también la principal plaza de las ventas argentinas, seguido por Sudáfrica, Japón y Canadá.

Desde 2001 a 2006, y gracias al incremento de la venta de bebidas importadas, el mercado estadounidense de vinos creció notablemente. En 2006, el consumo de vino en Estados Unidos alcanzó los 9,5 litros per cápita y se espera que para 2010 llegue a los 12,28 litros.

Esas cifras convertirán a los Estados Unidos en el principal mercado mundial para el consumo de vinos, tal como lo indica un estudio presentado en la última edición de la Feria Vinexpo, que se desarrolla todos los años impares en Burdeos, Francia, un encuentro clave del sector al que en 2007 asistieron 2396 expositores de 42 países, y más de 50.000 visitantes.

Según el informe, dirigido por la consultora International Wine and Spirits Record, en 2010 Estados Unidos consumirá cerca de 29 millones de hectolitros de vino, lo que equivale a más de 3800 millones de botellas anuales.

"Es muy importante que las bodegas sepan a qué mercado están apuntando", dijo Jorge Méndez, de Bordeaux Wine Import, una de las firmas importadoras que participaron de la ronda de negocios organizada en Mendoza. Es que, por lo general, los consumidores estadounidenses buscan vinos novedosos que marquen tendencias.

De acuerdo con los importadores, el vino argentino es un producto competitivo que cumple con los requerimientos de precio y calidad del mercado norteamericano. "Es la primera vez que venimos a la Argentina y nos ha llamado la atención la oferta que existe y la buena calidad de los vinos mendocinos", comentó Luis Vázquez de Cava de Vinos, de Nueva York.

El mercado norteamericano tiene una particularidad: cada estado tiene una legislación específica respecto del consumo de alcohol, cosa que dificulta el ingreso de mercadería en el nivel nacional, pues existen pocos distribuidores capaces de colocar los productos en todos los estados, y los que lo hacen tienen carteras de hasta 2000 clientes.

Los diferentes estados norteamericanos utilizan dos enfoques distintos para las importaciones. En 32 estados, el gobierno controla la venta y la distribución de alcohol a través de licencias otorgadas a comercios privados.

En los otros 18 "estados cerrados controlados", el gobierno controla la distribución de bebidas alcohólicas, y sólo los comercios que son propiedad del Estado pueden vender al público ciertas bebidas alcohólicas. Por ejemplo, en Nuevo Hampshire, Pensilvania y Utah, el Estado ejerce control directo sobre la distribución y las ventas al público de licores y vinos. En Idaho, Michigan, Montana, Carolina del Norte, Ohio, Oregón, Vermont y Washington, se controla la distribución y venta de los vinos y licores que se consumen fuera de los locales. En Mississippi y Wyoming, el Estado controla la distribución de licores y vino, y en Alabama, Iowa, Maine, Virginia y Virginia Occidental, el Estado sólo interviene en la distribución de licores.

Por eso, desde ProMendoza, recomendaron prestar especial atención a la estrategia de distribución y a la elección del distribuidor, una vez que la bodega haya establecido el tipo de consumidor al que apunta. "La competencia entre los diferentes países que exportan al mercado norteamericano continuará siendo intensa", dijo Perinetti. En su opinión, para seguir creciendo, la Argentina deberá usar estrategias con las cuales algunos países del Nuevo Mundo, como Australia y Chile, tuvieron éxito.

"En principio, las empresas deberían contactar a importadores en los principales estados de consumo, que son Florida, Nueva York, California, Texas, Illinois y Georgia", dijo Perinetti. No obstante, agregó, la mejor forma de ingreso a los Estados Unidos no es la misma para una pequeña bodega que para una firma con un gran volumen de producción. Mientras esta última tendría que encontrar importadores con licencia federal para distribuir sus vinos a nivel nacional, las más pequeñas deberían buscar importadores locales o por zonas.

"A través de esta estrategia, las pymes tendrían que afianzar sus marcas y tener un contacto más directo tanto con los distribuidores como con el consumidor final", explicó Perinetti, que se mostró muy optimista acerca del futuro de las ventas de vino a los Estados Unidos: "Teniendo en cuenta el potencial del mercado, la población, el nivel de ingreso, la ventaja competitiva que existe actualmente en la relación euro-dólar y que el consumidor norteamericano está abierto a los vinos del Nuevo Mundo, Estados Unidos continuará siendo nuestro principal mercado durante mucho tiempo", vaticinó.

Por María Martini
Para LA NACION

martes, 17 de junio de 2008

Bodegas Bianchi tiene objetivos mundiales.

"La tradición no es un factor que pese mucho en Estados Unidos, que es un país joven. Los norteamericanos buscan lo último, lo más novedoso."

Robert Pepi, consultor exclusivo de Bodegas Bianchi, sabe de lo que habla. No sólo es californiano, sino que hasta 1994 tenía su propia bodega.

"¿Qué es lo que hay que hacer para que los vinos argentinos tengan éxito en el mercado del Norte?", le preguntó LA NACION durante su paso por Buenos Aires. Pepi dijo que en todos los sitios "la gente busca la mejor expresión de la fruta de cada lugar del mundo" y que su desafío "es tomar los Bianchi y hacer que se acepten más, pero sin olvidar su origen".

En los últimos 13 años, Pepi visitó la Argentina al menos tres veces al año. Con su llegada como consultor externo desembarcaron en la bodega nuevas herramientas enológicas. Las viejas piletas de cemento en las que se hacía el vino dejaron lugar a barricas de robles, más pequeñas y con mayor complejidad, que permitieron hacer "un vino más agradable al paladar" a pesar de que se siguieron trabajando las mismas variedades.

"Hace 15 años el mundo empezó a ver que no sólo existía el vino tinto o el blanco, sino que había diferentes cepajes", comentó Pepi.

A 80 años de su fundación, Bodegas Bianchi sigue siendo un emprendimiento familiar. Hoy, la dirección de la empresa está en manos de la tercera generación de la familia de Valentín Bianchi, quien llegó a la Argentina en 1910, desde Italia, su patria de origen.

Andrés Ross, gerente de negocios internacionales de la firma, explicó que como una de las bodegas más tradicionales de la Argentina, Bianchi apunta ahora a fortalecer su presencia en el mercado internacional.

Estados Unidos y Canadá representan el 32 por ciento de las exportaciones de la bodega mendocina. Si bien esos son sus principales destinos, sus productos también se venden en Dinamarca, Paraguay, Brasil, Reino Unido, Venezuela, Noruega, Países Bajos, España y China entre otros países.

Las ventas al exterior han crecido en los últimos 10 años entre cuatro y cinco veces. Hoy, Bianchi exporta alrededor de 300.000 cajas anuales. Pero más allá de la diversificación de mercados y del aumento de las cantidades, hay un dato en particular que causa satisfacción en la bodega: aumentó la demanda de la línea de vinos más costosos.

"Para los vinos, es fundamental tener detrás un fuerte trabajo de instalación de la marca. Lo primero, lo más importante, es empujar el origen mediante publicaciones especializadas, participar de las degustaciones. En ese sentido, el trabajo que está haciendo Wines of Argentina es positivo", comentó Pepi.

"Las degustaciones no sirven para vender, pero son un aliado clave para instalar el concepto de calidad asociado al país", enfatizó el enólogo.

"Hay que recordar que normalmente los distribuidores tienen tantos clientes que hay veces en que sus cartillas se parecen mucho a una guía telefónica. Por eso, todo lo que una bodega pueda hacer para destacarse sirve, como aparecer en publicaciones especializadas y organizar eventos especiales, como las Cenas del Enólogo que se hicieron en restaurantes de Brasil, con platos preparados especialmente para los vinos argentinos, por ejemplo", contó Pepi.

Otro aspecto en el que es muy importante la diferenciación es en la apariencia física. "La forma de la botella, la etiqueta, la presentación de un vino son muy importantes. Sólo en California hay más de mil bodegas. Y uno está compitiendo con todos. Una botella de 40 dólares tiene que verse como una de 100", aseguró.

¿Qué es lo que debe hacer una bodega que exporta? "Tener una política de mejora continua en todos los rubros, desde el cuidado del viñedo hasta el procedimiento que utiliza para hacer el vino", aconsejó Pepi.

Por Florencia Carbone
De la Redacción de LA NACION